jueves, 27 de noviembre de 2008

Con los ojos de otro hombre

Hoy también hace frío. La calefacción de mi trabajo está haciendo el tonto... no calienta, y salta el diferencial. Menos mal que tengo una estufita en los pies.

Hace unos meses, un amigo, me sorprendió contándome que escribe poesía. No contento con soltarme eso, va y me dice que se ha presentado a varios concursos y que ha ganado unos cuantos premios. Además, todavía no repuesta del shock, me dice que la van a publicar un libro de poemas.... "Pintar de azul los días laborales". Saldrá el día 23 de abril de 2009, qué mejor fecha no?

Este amigo, ha compartido pocos poemas - él es así - pero ha habido uno que me ha gustado mucho y que os dejo aquí.

Ramiro es un pequeño homenaje al Coco, mi más sincera enhorabuena. Me alegro mucho por ti, este libro seguro que es el principio de una colección de versos con sentimiento, de versos que cuentan un poquito o un mucho de ti.

CON LOS OJOS DE OTRO HOMBRE


Con los ojos de otro hombre desembarcar de madrugada en mi vida entreabierta. Amanecer condensado en un hotel del centro, asomarme a una ventana ígnea, salir temprano a recorrer mi ciudad inexplorada. Recomponer con jirones de alabastro su deslavazada memoria, tratar de entender con las manos la pereza de su orgullo. Hacer recuento de libros de poesía en el entresuelo de la General, de canales y parques. Aprenderme el nombre de restaurantes recónditos y plazas pequeñas, custodios del otoño del habitante cualquiera.

Llegar hasta el río y escuchar su caligrafía, sin correr verlo avanzar. Sobrevolarlo, adentrarme en el terco y huesudo arrabal. Con los ojos de otro hombre desmenuzar las partes de su luz, la edad torcida de los plátanos de sombra. Comprar una barra de pan y el periódico como cada día por primera vez. Infiltrarme el domingo en el bar de campaña, alinearme con los no desheredados para hablar de fútbol. Tomar un autobús apresurado mientras se hace de noche, ver con los ojos de otro hombre casi solo una película en el Auditorio.

Contemplar desde el puente de piedra la luna llena color cierzo, el aura de los hachones hercúleos del puente de hierro. Regresar finalmente al hotel, subir a la azotea y desde la bruma reconstruir, levantando el musgo de las farolas, mi ciudad recién descubierta. Decidir con los ojos de otro hombre qué barrio elegir para vivir, dónde y en qué trabajar, por qué amarla.




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